Un recorrido por la historia del transporte

“No vendemos sólo kilómetros, vendemos satisfacción, que es lo más importante”.

El nieto del fundador José Andrés Rodríguez, resume así la máxima que ha guiado a la empresa a lo largo de casi cien años.

Porque aunque la fecha de constitución data de 1930 –y así puede leerse en la puerta de los locales del número 26 de Conde Vallellano, en O Carballiño- ya su bisabuelo transportaba a los vecinos por las ferias y mercados del Ribeiro a principios del siglo XX, una actividad que en Autocares Rodríguez continuaron llevando a cabo durante varias décadas.

Viajes a Alemania, Francia o Portugal, excursiones organizadas y transporte escolar son las principales actividades de una empresa que ha sabido adaptarse a los tiempos y trasladar el testigo de padres a hijos a lo largo de 3 generaciones.

Pegaso Cometa de los años 60 junto a un trabajador.

José Andrés no tiene recuerdos de su abuelo, que murió joven, pero sí conoce, a través de su padre, las anécdotas y los datos que rodean la historia de la empresa. Andrés Rodríguez, el fundador, adquirirá el primer autobús gracias a un premio en metálico que le tocó en suerte, pero la tradición venía de antes ya que su padre transportaba gente y toneles de vino en dilifgencia en los primeros años del siglo.

José Andrés relata con orgullo, algunas azañas de sus antepasados para sacar adelante una empresa pionera en la comarca de O Ribeiro: “Con la Guerra Civil dos coches que había entonces fueron requisados…poco después mi abuelo, que también era conductor, sufrió un accidente en el que perdió un brazo…fue en Os Milagros, en aquel entonces los viajes a las ferias y romerías para llevar a la gente era la principal actividad de la empresa, y sucedió que en un pequeño accidente que sufrió el autobús mi abuelo fue a sujetar a una señora que se caía y la ventanilla le seccionó el brazo…tuvieron que amputárselo y murió poco después de aquello…”

Las dificultades se multiplicaron con el fallecimiento de Andrés Rodríguez, que dejaba la empresa en manos de su jovencísimo hijo Camilo, quien con esfuerzo, tesón y mucho sacrificio se convierte en el auténtico pilar de Autocares Rodríguez, pues con él llegará la modernización de la empresa, la ampliación de servicios y la adquisición de nuevos vehículos.

Aquellos años de lo autos a carbón, de gente camino de la feria, apiñada en los maleteros de unos vehículos artesanales, hechos a mano en madera y chapa por Piñeiro el carrocero; esos años de escasez, necesidad y privación van tornándose más prósperos para la empresa de los Rodríguez, que se va afianzando en las tierras ribeirienses y poco a poco adquiere más autobuses para surtir las necesidades de unos habitantes que cada se trasladaban más de un pueblo a otro.

Un Dogde de las primeras décadas del siglo, matrícula OR-2118, es la reliquia que hoy en día conservan en fotografía en los archivos de la empresa, y que José Andrés muestra con orgullo junto con otras imágenes que son vestigio del camino recorrido por los autocares Rodríguez a lo largo de tantos años: “Los autocares, aunque muy rudimentarios, solían responder bastante bien. Sin embargo, en los horarios ya se tenía en cuenta un tiempo prudencial por si había que parar para arreglar alguna avería, que era también bastante frecuente…”, comenta José Andrés, y continúa: “Comparado eso con los adelantos de hoy, parece increíble que antes se tardase un día en moverse por las ferias de los pueblos…”

Camilo Rodríguez Pereira, el motor de la empresa

Trabajo, sacrificio, esfuerzo y tesón son las cualidades que José Andrés destaca de su padre, Camilo, quien debido a la prematura muerte del fundador se convierte en el auténtico motor de la empresa. Y son precisamente estos atributos los que, poco a poco, favorece un futuro más que prometedor a un negocio que comienza a cubrir otras líneas regulares además de las ferias, y que realiza, cada vez con más frecuencia, viajes por toda Europa.

José Andrés aún no había nacido, pero su padre le cuenta también otro episodio ligado a la historia de la empresa que tuvo consecuencias graves para él y su familia. Sucedía hace más de cuatro décadas en la feria de Ribadavia, José Andrés lo ha escuchado infinidad de veces: “ Mi padre había acudido al pueblo como cada día de feria, con su autobús, cargado de gente, y de pronto, se vio envuelto en un altercado con un Guardia Civil que le advertía del mal estacionamiento del autobús. De repente el Guardia había sacado la pistola para disparar contra mi padre, pero Dios quiso que se le encasquillase el arma si no, hoy no lo contaría. Mi padre se abalanzó sobre él y por eso tuvo que pasar más de seis meses en la cárcel…”

Tras aquel incidente, Camilo, continúa en activo ligado a la empresa, prosiguió con sus viajes y convirtió Autocares Rodríguez en una de las empresas más prósperas de la zona. Poco a poco fue adquiriendo nuevos vehículos y haciendo más viajes, sobre todo llevando a la emigración hacia Europa, principalmente portuguesa ya que la gallega se marchaba en barco desde Vigo hacia América. Camilo se encarga en la actualidad de supervisar el mantenimiento de los autobuses, y disfruta charlando de los avatares de la profesión con sus amigos transportistas ante un vaso de buen vino.